28/09/10

Mensaje En una Botella



Paseaba por la playa aquella mañana en que solo sentia el frio del Invierno. Cuando me senté, importandome poco la falda y lo humeda que estaba la arena pude reconocer algo impresionante flotando. Una botella de cristal. Aquellas historias que habia visto por la tele, o de peliculas de ficción se borraban para dar paso a un mensaje en una botella. Me adentré al mar a por la botella y cuando la logré alcanzar volví a la habitación del hotel. Cuando el frio se separó de mi piel decidí abrir el recipiente... El mensaje decía asi:


" Solo a bordo de un barco en el cual zarparé dentro de unas horas, he querido expresar mi pasión por el mar. Y así comienzo lo que algún día será leido por no sé quién, ni cuando...

Siempre he vivido al lado de mi Precioso Azul, y así lo llamo desde que tenía razón. De pequeñito, jugaba en la arena y en invierno mis padres me llevaban de paseo para observar la luna, que ni como en peliculas he podido ver. Cuando empecé el colegio fue distinto, no tenía tanto tiempo como para jugar, pero si para disfrutar con mis amigos... Quedabamos de noche, y algún verano que otro, siempre venía alguien nuevo de ciudades lejanas con el que hacía amistad con el. Todo era maravilloso y fantástico.

Cuando era joven me gustaba ir con mi chica a coquetear enfrente de las olas iluminadas, y podiamos crear juntos lo que era un laberinto de estrellas. Cuando mas ayuda necesitaba por mis hormonas, el siempre me consolaba con sus caracolas, o regalandome pequeñas conchas que parecian que reian para no verme triste.

Siempre mi Precioso Azul ha vivido conmigo y ha visto mi crecer. Despues de muchos años de amistad con él, me separo y me separo a mis 75 años de edad.

Me siento orgulloso de haber visto tanto, de llorar junto a él y de poder haberme reido como nunca lo he podido hacer a veces. Tanta gente, tantos "ligues", tantas olas contadas, se dispersan por una enfermedad. Y en los que yo creo que son mis últimos momentos prefiero salir aqui, fuera, en este atardecer brillante de 1992 y en el cual, mi Precioso Azul, parece que con lamentos y olas violentas... Se despide para siempre.

Gracias Precioso. "

08/09/10

Mi Segunda Vida.





Hay cosas que nunca olvidas en tu vida. Y mas si te has ido criando con ellas. Una vez mas abro mis recuerdos y comparto un nuevo capitulo de mi infancia, el mas extenso yo creo, y el que mas me ha gustado.

Nada mas recien nacido, me llevaron a la Calle Embajadores, en unas naves de "Ministerios de Aduanas". Y desde que tengo razón he nacido allí por decirlo de alguna manera.

Recuerdo mañanas durmiendo y como siempre mi despertar sobre las ocho... Y al no poder moverme de la cama por estar en casa de mis abuelos, me quedaba quieto tarareando alguna que otra canción, hasta que mi tia Almu me chistaba, y guardaba silencio.

Recuerdo como mi abuela me peinaba frente a un espejo, mi ralla a un lado y el peinado informal. La colonia de "Nenuco" y ya estaba preparado para investigar por aquellos lugares, alrededor de las naves o dentro de ellas. " A lavarse la cara antes de bajar, o sino nada " era la frase que retumbaba por las mañanas en mí. O aun mejor, partir piñones con mi abuelo.

Mi abuelo es un hombre alto, bonachon y muy imponente. Alguien serio, y tal como su nombre, un galán. La foto que habia en el tocador de mi abuela, me encantaba. Mi segundo padre.
Mi abuela es una mujer dulce, siempre me recordo al hada madrina de Cenicienta, porque era dulce y humilde. Siempre con su dulce voz despertaba a toda la casa a partir de las once y media. Y todos nos reuniamos en la cocina, con nuestras " pintas" de recien levantados.

Muchas mañanas mi tia Almu me esperaba para bajar juntos y poder jugar a algo en "La Navecita" y con cojines, o un antiguo ordenador, jugar a cualquier idiotez que nos hiciese pasar una buena mañana.

Recuerdo muy borroso, una noche, que mi tia Carmen estudiaba y yo la pedí un folio, me lo dió y la deseé suerte para sus examenes en la habitación de la cama-armario.

Mañanas que me adentraba en un mundo de vuelos, e investigaciones, con el columpio que ya no está, o cantando "garbancito" con mi abuelo por detras de las naves. Y hablando de cantar, tardes que por la acera oiamos como pasaba el AVE y mi tia Almu y yo cantabamos por bulerías. Cogía flores para mi abuela y ella siempre fingía una pequeña sonrisa, por no despreciarlas, aun por mucha alergia tubiese.
Y las tardes de verano, se aprovechaban poniendo aspersores y nosotros jugando alrededor de ellos. Con una piscina que nunca ví ni nunca volveré a ver.

Allí habian fuentes de las que el agua salía de muchos colores, y hasta que no saliese transparente, nunca me dejaban beber.

Recuerdo noches enteras con ojos abiertos mirando el crucifijo de aquella habitación, hoy vacía. Mi segunda vida se baso en perderme entre bosques inventados, o dibujar brujas con mi tia. Correr y jugar al escondite en las naves y ver bicis, aros o cualquier cosa nueva con la que queria jugar.

La Linda y Jado, siempre los imagine como un matrimonio separado, unos perros de raza alta y imponente, que o te ladraban, o te daba la bienvenida con un meneo de rabo y hasta que no acariciases, nunca seria una bienvenida perfecta.

Nochebuenas, con el pañuelo rojo de mi abuela, la vela y langostinos.

Las siestas en las que mi tia Carmen me acariciaba y me hacía cosquillas y la repetía que no podía dormir, hasta que caia rendido en un profundo sueño.

Allí en aquel espacio aprendí a montar en bicicleta, como siempre un pato y hasta que no aprendí a caerme, nunca paré.

Aquellos tiempos se quedaron grabados, y ahora pienso que nunca se repetirá. Mis abuelos se mudan, y aquella casa tan perfecta, tan ideal se esfuma, quedando como un simple " Allí vivian mis abuelos."

Y el recuerdo que nunca se olvidará será aquella ultima vez que pude ver a mi tia Raquel, bajar del coche, con los cerezos en flor, y el olor a primavera, la tarde en que las lágrimas caian, porque sería la última vez que mi tia pudiese ver todo aquello así.

Recuerdo el olor a "yaya" por la mañana, despues de tomar su colonia y ambientar su casa. Recuerdo el entrar al baño por las mañanas y el olor a "yayo" de afeitado... El cuadro del perrito colgado en aquella sala siempre me encantaba.

Hoy entré a la habitación donde dormí durante muchos años y al verla vacia, me sentí frio e incompleto.

Creo que hoy fue la despedida de algo dificil de olvidar. Mi segunda vida.