11/09/11

Sábado rojo.



Siguen cantando los pájaros en esta tarde gris. Ahora mismo con ese tono magenta. La noche tiñe las nubes de colores. Tarde ligera, solitaria, pensativa. Un día rojo. Fumando y fumando, esperando una llamada, un contacto para aparecer. Alguien que se acuerde de ti en esta tarde tan silenciosa.

Ante todo sin olvidar que están por ahí. Sea donde sea. Esta noche supongo que me llamarán. Y surge ese enemigo de todos. El miedo. Una tarde similar. Igual, callada, ida, lejana. Como una amiga dice de un pantalón, que se convierten en una máquina del tiempo, y te da por probártelo. Y recuerdas lo que sentías con esos pantalones. Y piensas en esas situaciones más lejanas. Piensas en todo lo que pensabas por entonces. Pero es extraño. En el fondo tengo miedo... Pero no sé por qué.

Quizás, quizás, quizás como Nat King Cole. Dudas.

Ni una hora, ni una llamada, un día de frío verano se apaga por fin. Llegan las nubes magentas. La amenaza de lluvia. Unos estudiando, apuntando... Otros escribiendo, escuchando música... Todos viviendo un sábado extraño. Un sábado rojo. No sabía que existían. Los sábados son alegres, llenos de color. Pero hoy el color solo se lo dan las húmedas, y frías calles de los municipios donde residimos. Al igual que las calles de Madrid tras un hecho que nos puede perjudicar a todos, calles vacías, sin sentimiento. Sin amor, ni amistad. Sin nadie.

Rojo, rojo como la sangre, un sábado así. Es un día en el que te levantas, te quedas mirándote al espejo durante unos minutos y piensas << ¿Y hoy? >>. Hoy, para ti no significa nada, un día más perdido, un día igual que ese día en el que te vallas, es un día rojo, de esos en los que tienes miedo, te preguntan qué te pasa, y tu respondes que estás cansado, pero no es verdad, tienes miedo. No sabes a que.

Lo profundo de la noche relatará el final del día rojo.

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