15/10/11

El último vals de la noche



Una boda. De pie. Observándolos. El primer baile de casados. Preciosos los dos. Al ritmo de la música. Un vals. DE vez en cuando acercan sus caras y se rozan con la nariz, sonriendo y mirándose a los ojos. Y siguen con ese bello ritmo. Los pies te bailan solos, disimulados. No eres el único entre tanta gente que desea bailar. Solo o con la pareja. Noches en las que el cielo se sonroja, con una carita dulce sonríe al oírles decir que se quieren, en bajito, sin que el vals les detenga. " Te quiero".

Todas las miradas centradas, mientras por fin, se besan, se sonríen, se quieren, se abrazan, se dan de comer. Preciosa boda. Algún que otro toque flamenco y algún que otro regalo para los padres de ellos. Ellos que les dejaron en sus malos y les acompañaron en sus buenos momentos, ellos que prestaron la mano de sus hijos al destino, para que esta noche se pudiese hacer realidad los sueños de estos.

El vals, el novio, la novia, y gente, gente prestándoles atención deseando agarrar a alguno de los dos por lo guapos que van. Pero no. Es un momento mágico, su momento mágico. LA alegría se apodera de sus almas y mientras las luces siguen bajando de intensidad, ellos bailan al son de un "Te quiero". Fortaleciendo más de lo que pueden hoy su unión fortalecer. Nadie puede eternizar el momento más que ellos mismos. Agarrándose.

Y existe un gesto, un gesto en el que me fijo... Algo bello, hermoso, fuera de mi mirada. Él le coge de la barbilla a ella suavemente, y mientras suena el final de la canción, la acerca a sus labios, la besa intensamente, con pasión, con ternura, sensualmente. Quizás el beso que ella nunca olvide. El beso de el último vals de la noche.

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