Me despido de mi hermana. Subo al bus. Despacio, desenrollando los auriculares. Al ir a sentarme, es curioso. Me quedo frió, quieto, callado, congelado mirando...
Domingo, largo domingo de cielo despejado, todo apunta a ser un buen día, una buena mañana, una buena tarde, un amor recordado, una foto que te hace sonreír levemente. El estar con tu hermana. Despacio, sin prisa, pero sin pausa. Sueños adolescentes, risas, y recuerdos de la noche anterior. Cálida existencia.
Ya a la hora de irme me despido, dos besos y un <
Sosteniendo un pañuelo con su mano, en la nariz. Dejando correr las lágrimas, con los ojos rojos. Ya me siento y pienso. Que será lo que le ocurrirá a esa mujer que llora incansablemente. Que miles y miles de caminos te muestran las deducciones. Que sería. Quizás, un corazón que se ha ido... Un fuerte discusión, una despedida eterna, un sentimiento de incapacidad ante algo. O solo dolor, visible dolor. Que tristeza. Pienso en el bus, en acercarme a ella, cogerle las dos manos, y poder decirla que el mundo nos pone las cosas tan complicadas para que las superemos, no para que lloremos ante sus obstáculos.
Y sigo pensando, se me ha quedado grabada, esa cara. Esos ojos llorosos. Esas ganas de poder decirla miles y miles de razones que tiene para sonreír. Miles y miles de sueños habidos y por haber... Coger un rotulador y dibujarle una sonrisa en el cristal, un muñequito gracioso por el que vuelque algún tipo de carcajada. Lo que sea, pero no llorar.
Me hubiese gustado, el cruzar mi mirada con la suya, el plantarme a su lado y decirle, <
Un kilómetro más allá, se levante, suavemente. Le da al interruptor de "parada" y espera frente a la puerta, mirándose en el reflejo del cristal. Viendo el camino pasar, arboles, aceras, personas, casas posiblemente asociándolo con algún recuerdo. Y llega a su destino, quién sabe qué, adonde, y el qué hará ahora. Quizás llega a su casa y se echa a dormir plácidamente olvidando su mal día. O se queda sentada en el salón esperando la llamada de alguien. O simplemente duerma.
El bus vuelve ha arrancar, y yo me quedo mirándola, con impotencia, angustia. Mantengo mi mirada en ella. Intentando decirla que despeje su nublado día. Ella tira el pañuelo y el viento mueve un poco su pelo, mientras se queda con la mirada extraviada quién sabe a qué, adonde, y por qué.
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