17/12/11

Nombres, miradas y vidas ajenas a la vida.



" Solo hace falta salir a pasear tú solo por el parque, por plazas de tu pueblo, o por extraviados sitios para ver las mentes más solitarias. Que llueva y verás las miradas más infinitas de las personas. Personas que no saben adonde mirar."

Quédate en ese banco donde siempre te has querido sentar y nunca has tenido tiempo. Quédate sentado y paraliza tu mundo en un momento mirando a tu alrededor... Y ves a un anciano que está sentado enfrente, en un banco similar al tuyo. El anciano solo mira al suelo. El típico anciano que da de comer a patos. Pero no hay patos. Hay cisnes que disfrutan de su juventud en los columpios, en el tobogán. Que sonríen sin dificultad alguna y que si lloran es por una caída tonta. El anciano levanta la mirada y con un arqueo de cejas te dedica la mejor sonrisa de la tarde y tras ella se levanta y decidido se va. Se va con el destino, a su casa, a besar a su mujer o quien sabe, a besar a sus nietos. Quién sabe.

Puedes subir a un autobús y ver a una mujer llorando e imaginarte las lejanas razones por las que llora. Imagina.

Ahora sigue caminando y verás a las mamas llevando un carrito con un bebe que duerme plácidamente. Pegando un pequeño pescozón a un pequeño que ha cruzado la calle sin mirar. Pero en cuanto el pequeño llora, la mamá se agacha y le mira a los ojos y le dice sin hablar que todo lo hace por él. Y sigues paseando con una canción en el bolsillo, en ese reproductor de capacidad evolucionada. Y llegas a otra plaza.

Vuelves a sentarte en un banco amarillo, y ves a una pareja , iluminada por la farola, que pasea a su mascota agarrados de la mano y besándose de vez en cuando. Y ves a un adolescente allí no tan lejos también sentado. << Un joven anciano >>. Empieza a llover con fuerza y ves que el joven se queda parado. Os mojáis. Y te mira, y se imagina cualquier de tus pensamientos. Y te imaginas que imagina. Y te sonríe. No tanto como el anciano, pero te sonríe. Y se levanta. Y empieza a correr con la lluvia empapándole. ¿Y sabes lo que creo?. Creo que ese chaval va con valentía a contarle a sus padres que quiere a Daniel, Jose o a Jorge... Que quiere a un chico. Creo que tu le has dado esa valentía pudiéndole mirar fijamente. No le has mirado mal. Solo con extrañeza y punto. Le has mirado. Él necesitaba una mirada de apoyo. Y por algún casual también imaginas el abrazo que le da su madre esa misma noche y la sonrisa de su padre.

Súbete al metro y mira fijamente a todo, todo tu alrededor. Deja que se crucen esas miradas de extrañeza, de atracción, de complicidad... Nunca dejarás de ver ese tipo de miradas que buenas o malas aportarán algo en tu vida. Aunque no te des cuenta. Que te dicen si tienes una mancha, si le has gustado a alguien, si esta noche llegarás al clímax, si tienes un nuevo amigo...

Y aun en el metro, ves a alguien que no conoces de nada, que no te aporta nada con sus miradas, que no te gusta. Y le sonríes y te aparta la mirada. Pero no te preocupes porque en primer lugar, nunca sabes quien se puede enamorar de tu sonrisa, y en segundo, no sabes si esa persona en un futuro lejano o nó puede llegar a ser un Daniel, Jose, Jorge, Cris, Raquel, Lorena, Nuria, Beatriz, Miriam, Aroa, Irene, Carolina......

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