11/01/12
Conversaciones a las cinco y media.
Publicado por
Adry
"Cuéntale al alba de qué tienes miedo."
Mientras estaba aquí sentado, alguien llamaba a mi ventana. La tarde se desarrolla triste y inquietante. Las decisiones huyeron del cielo sin mostrar algo fiable en lo que creer. Dejando a oscuras la visión de la felicidad y mostrando los fantasmas de la oscuridad.
Alguien me grito a través de la ventana. Al abrirla, le vi. Ahí sonriente mirándome. Oculto, de un color que todos conocemos, igual que siempre, sin nada opaco que le impidiese ser visto. Y le pregunté el por qué me decía eso. Él me respondió que yo era fuerte, lo era y lo seguía siendo. Establecimos una conversación de una duración determinada y quedamos para el día siguiente.
Un minuto más tarde, al día siguiente me volvió a llamar al cristal. Y volvimos ha hablar, y al verme preocupado, me dijo que de qué tenía miedo. Le conté por encima lo que últimamente estaba cambiando mi vida. Los baches que estaba afrontando, y los que parecía que no podían ser afrontados. Él me miro y con su calor me beso en los labios. Seguidamente me dijo que el ser fuerte no significaba el guardarse el temor para uno mismo. Se puso serio. Y me preguntó si sabía sonreír. Me quedé anonadado y le rememoré una tarde por los campos del pueblo. Allí me vio sonreír junto a tres amigas mías.
Los días siguientes había nubes. Él no podía venir a verme. Y durante días y más días noté como echaba de menos su estancia aquí en la simple ventana, el fuera de las rejas y yo dentro.
Hasta que ya el invierno me dio uno de esos días con frío y un cielo despejado, y sobre las cinco y media de la tarde llamaron al cristal y pude verle.
Su calor, el olor que desprendía por los campos, la fortaleza de su anaranjado sobre el cielo. El Atardecer me mostró su bello esplendor. Su máxima fuerza. Y como siempre sonriendo.
<< No dejes que las nubes hagan de ti un atardecer triste. Eres alguien que si sonríe, tendrás la fuerza que te propongas. Si alzas las manos al cielo a esta hora me estarás dando un abrazo. Adrián olvida el peor pasado y céntrate en un presente evolucionado, mejor. Deja esa negatividad en una cajita. Sal al campo y grita. Despéjate. >>
Nunca volví ha hablar con él, pero tardes como esta, me gusta salir a mi ventana y ver la zona de Rivas, un pueblo elevado por montañas visible desde mi ventana, y veo como se va, sin despedirse si quiera. No huye. Se oculta, se va a dormir, para dejarse ver, bien bonito, al día siguiente. Querido Atardecer. A veces salgo al patio y veo ese tono anaranjado y alzo las manos al cielo...
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