11/01/12

El Perfume del Primer Amor.



"Presa de tu existencia, esclavos del tiempo."

Como dice una amiga mía, llegaste, follaste, te fuiste. Y así fue. Mientras dormía plácidamente, tu te levantabas y yo quedaba sobre la almohada inhalando aun el rastro de tu perfume. Me abrazaba a la almohada, y cuando quise mirar hacia todos los lados, marqué la vista en ti y las lágrimas sobresalían, fuertes, dañadas. Seguía llorando sobre aquella cama donde fusionamos la magia del negro con el blanco, la noche y el día, lo tarde con lo temprano. Aquella noche en la que mi consciencia se desvanecía entre el placer de tenerte entre mis manos.

Sujetaba una rosa roja, un tallo bien labrado y las espinas afiladas, no podía ver las espinas. Tampoco es que estuviese en una cama pero hiciste característica el pasar noches buscando la erótica en el brillo de la luna. Tú, tú y más tú. Ciegamente tú eras el que componía las paredes de mi habitación, el cielo y el límite del suelo, tú completabas la otra mitad de mi mundo. Mis manos sangraron cuando sujetaba con fuerza aquella rosa, y las gotas de sangre me recorrían la muñeca. Mi brazo alzado, yo quería que esa sangre se quedase ahí corrida, roja. Y así fue, aun puedo ver la sangre, tatuada por la brisa de aquel diciembre en que negaste al amor.

Nadie. Nadie como él. Lo sabes. Sus manos inigualables a las manos de cualquier humano, sus brazos que acariciaban a su vez de manera tan característica, tan dulcemente.

Esos parques en los que aun estarán grabadas las pisadas en el suelo, el tonteo, y las risas de las tontadas. Y aun te sigues torturando viendo lo que él te decía que vieses, con algún accesorio tuyo que le cediste y que al fin y al cabo te devolvió mientras ocultabas el mar de lágrimas de tu interior.

Me diste un placer que dañaba, un arcón de tesoros vacío, una noche de oscuridad y desorientación extrema, unas manos sin yema y un corazón sin latir... Diste la palabra amor sin empezar ni por la << A >>.

Y pienso, que si me hubiese entregado completamente a ti, hubieses rasgado el poco amor que queda en mí.

Y si hablásemos de metáforas, aun rompes la belleza de estas, convirtiendo lo que podría haber sucedido como una noche de amor, de lilas, y de un cielo azul a una noche en la que querías meterla, de cardos, y de un cielo grisáceo.

Y ahora dime, como te dije aquella vez, dime y admite que las noches pasan tan rápidas como pasaban cuando marcábamos como locos nuestros números de teléfono... Dime si miras a la luna y de vez en cuando no piensas en aquello que me dijiste...

Tras años, ya no. Has cambiado, y te sigo viendo igual de vez en cuando. Sigo envolviéndome en los recuerdos que, aunque doliesen y a veces duelan, creaste en mí. Ahora eres mi amigo, eres un hermano, me conoces, te conozco... Puedo verte y notar como la sangre se calienta aquí dentro mientras comienza una noche de litronas a tu lado. Ya no te veo... Ya no te veo como dolor...

En verdad, ¿Para qué negar lo obvio?... Para que negar que busco tu perfume, y lo utilizo cuando lo encuentro y me vienen a la cabeza los parques, los abrazos, los besos, tus manos y esa imaginaria noche de amor contigo... Para que negar que busco un tacto como el tuyo, un pelo como el tuyo... ¿Como negar que sigo buscando al primer amor?...

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